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poema. brand new paradise.

 

 

 

brand new paradise

 

 

 

 

no confíes en la memoria

 

un plumazo puede

-en un instante-

deshacer el mundo:

 

desecrar la norteamericana

declaración de independencia,

destruir la otrora francesa declaración

de los derechos del hombre y del ciudadano,

mutar el judío yahvé

en el protestante ieovah,

o rehacer la historia de lisboa

tal como saramago hiciese

 

no confíes en la memoria

 

te han dicho que el paraíso

quedó allá, perdido en el tiempo,

resguardado por un ángel

cuya espada en alto pesa hoy

más que el universo entero

 

te han dicho que se perdió la gracia

y nos pusimos sobre los hombros

una desnudez culpable,

que cala hasta los huesos

y va secando la médula,

petrificando la sangre

y pulverizando los nervios

 

no confíes en tu memoria

 

tus padres te contaron

una versión

-la versión oficial-

de una historia que

para bien o para mal

te has creído: 

 

peones ciegos

tampoco tenían las claves

ni las llaves del reino

 

no creas en la sybila,

tampoco en la médium

de ectoplásmicos arrebatos,

huye como si fuesen la peste

del peyote ritual

y la exótica ayahuasca

 

habéis oído que se dijo:

 

lo que no has perdido,

lo tienes

 

well,

bad news,

my friend:

 

el yermo lo grita,

el monzón infecto de polución

y el estero

en microplásticos anegado,

afirman:

 

lo que no has tenido

no podrás perderlo

 

jamás fue tuya otra libertad

que aquella en la que confirmas

tu esclavitud de cara al ombligo,

tu servidumbre que lame

hasta dejar relucientes

la suela de mocasines italianos

hand-made

que portan los tiburones

emprendedores

tan austeros que les bastan

doscientos cincuenta mil pesos al mes

para cubrir sus gastos

y necesidades básicas

 

jamás pudiste decidir

cuál sería tu almuerzo,

cuál sería tu cena

ya que la empresa

era comer una vez

-si la suerte era propicia-

cada día de la semana 

 

jamás pudiste soñar

las casas de telenovela

-falsas e impostadas

como el discurso nonagenario

que se resiste a morir-:

 

esos no eran tus sueños,

por más que te los ofrecieron como tales,

inmediatos,

al alcance de un botón

 

¡oh, no permitas, no,

que truequen el mapa que llevas

grabado en las palmas de tus manos

por quince días de aguinaldo

y un veinticinco por ciento

de prima vacacional!

 

¡ojalá pudieras ver

en sus rostros

el miedo que tienen

de tus manos escleróticas,

nudillos marcados

y esas yemas de huellas inexistentes,

lijadas por la manivela,

deshechas en la banda infinita!

 

¡si pudieras ver

cómo tiemblan antes de cerrar los ojos

y caer en la noche

-que absuelve crímenes y pecados

cual cortesana del quattrocento

que troca en oro

el efímero placer de la carne-

después de beber y cenar

lo que te escatimaron desde el primer día!

 

¡si pudieras ver

cómo te observan,

milimétricamente,

entrada, salida, horas devengadas,

días de asueto, licencias médicas,

incapacidad, cuota del seguro social,

cómo necesitan esos barrotes invisibles

para evitar que veas esas manos,

tus manos! 

 

ellos lo saben,

en las palmas tienes

tatuado el mapa

que te llevará de regreso al paraíso,

y esas manos

-tus manos-

pueden,

en un instante

dinamitar la fábrica,

en un momento

alzarse y ser con otras manos

un solo puño,

macizo, como un apotegma

del cristo que fue hombre,

fue obrero y fue dios

 

no confíes en la memoria:

ellos pueden

de un plumazo

cambiar la fecha de tu contrato,

minimizar utilidades y dividendos,

comprimiéndolos, triturándolos,

hasta alcanzar el nivel molecular del polvo

que,

mezclado con tu sudor,

utilizarán para firmar su declaración

de bancarrota

 

confía, sí,

en tus manos

 

descifra las líneas,

traduce los callos y las heridas,

interpreta la historia,

-reclama tu historia-

 

en verdad te digo:

el ángel no resguarda el paraíso

 

antes de salir,

compañeros de sudor e infortunio,

tus padres,

mis padres,

nuestros padres,

trajeron consigo

pieles y follaje,

sustrajeron ante los ojos

del creador y del guardián

los primeros frutos del jardín: 

 

desnudos como mujer y hombre,

expulsados como hombre y mujer,

revestidos con la falsa desnudez

de la malicia ganada,

dueños y señores del yermo,

trajeron en las manos

retazos del edén

 

reclama tu historia:

busca otras manos

 

cada hombre, cada mujer,

lleva entre las manos

jirones de paraíso

 

diez, veinte, cien, mil,

un millón

-manos entrelazadas-

cual vaticanas losas

de mármol de carrara

 

¿ves

cómo lo que no perdiste

lo tienes?

 

en verdad,

en verdad te digo:

 

es hora de crear

mano con mano,

brazo con brazo,

aquí,

ahora,

el paraíso

 

 

 

 

 

francisco arriaga

méxico, frontera norte

28/10/2020-11/11/2020

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