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Cuento. Las flipantes aventuras del Bromas.

Las flipantes aventuras del Bromas.



A Ana M. Gutiérrez, M. P. Hurtado Castañón,
y Adán Balcázar, flipados en este océano de cuerdos.


Órale güey, llégale pa’llá que con este dedito te pico el culito y no me vayas a salir con que me pasé de lanza porque lo que te voy a pasar es otra cosa, si ya te dije que me llevé a la Nancy y ‘ora ya es mi morra, no como cuando nos íbamos al cuartito allá por Pesquería, a güigüi cómo chingaos que no si para estaba dándole bien de acá en las tardes con ese pinche solazo que te tuesta el espinazo pero ni modo, te aguantas que ái te va la de árabe aunque te estés quemando con los cofres y los vidrios de los coches, como que te digo qu’está gacho de a madres que llegue La maña y te baje la mitad de la feria, pero bueno, por lo menos te queda algo pero no quería contarte eso, ni madres, te quería contar que la semana pasada la Nancy me salió con que quería ir al cine y yo pos ya sabes, entendí que acaracacá que la Nancy quería lo que le corresponde pero ni máiz paloma, sí me llevó al cine a ver una peli bien loca, de un pinche payaso fracasado que después anda armando el desmadre bien a las de acá, pero bueno, tampoco quería contarte eso si desde que empieza la peli ya sabes cómo carajos va a terminar el Bromas ese, ¡en serio!, lo que quería contarte es que le dije a la Nancy acá, cuando la tenía bien acurrucadita a media función que s’iba a haber de a peso y me dijo que no, pinche Andrés me caga en los güevos y cuando quise empezar, ya sabes, a meter la mano acá y allá entonces me aventó pa’l rincón del asiento y me dijo que ni madres, que si ella había dicho que no entonces a la mierda, era no, y pues ni modo me dije que no había pex pero que se la guardaba para en la próxima echarle cuatro sin zacate, pero bueno, ya me estoy pasando de lengua, así que dame una orden para llevar güey, pérate cabrón, no te aceleres, aguanta vara, mira, lo que pasó después de esa noche fue algo así como pegarle al rascadito sin haber comprado boleto, ¿me entiendes?, íralo güey, no te hagas pendejo, claro que me entiendes, ya ves que las tardes nomás cubriendo la cuota y nos queda pa’la piedra y el pomo, pero cuando llegó aquel ojete en su camionetón del gas natural, me dije de aquí soy y ni madres, tómala puto, el pinche ojete no me dio ni las gracias, es más, ni siquiera bajó tantito el vidrio así que no me di cuenta que era un gachupín de a deveras, sí pendejo, un españolete bien ojete, pero también se la guardé como se la estaba guardando a la Nancy y al tullido si te apuntas, güey, así que aquella noche al salir del cine ¡mócos, puto!, que lo veo haciendo fila para entrar a la siguiente función y como ya te había dicho, la Nancy salió bien encabronada por que le había querido meter mano así que se trepó en el pinche camión y a la chingada, me dejó en la esquina de la Soriana y pos luego pensé, ni madres, esta noche es mi noche así que fui a buscar al Boby y me dijo que simón, que traía una lata nuevecita, recién sacada del Jomdípot, espray amarillo fosforesente del gringo, ese que te hace brillar hasta el fondo de la nariz y el fondo de la garganta bien acá, entonces le dije pásamela güey y me dijo el puñetas, vas barrabás pero me dejas a la Nancy una tarde y le dije simón, ya estás, para que a la Nancy se quite lo calientagüevos total que lo mío nomás yo se lo doy, así que me quedé con la lata y me fui a los baños, tenía que hacer rápido el movimiento si no me caían los guardias pendejos así qu’en una bolsa vacié todo el bote y ya con la bolsa bien cerradita y debajo de la camiseta me puse a buscar en el estacionamiento y a güevo, allí estaba el trocón, recién lavadito y hasta con su armoról en las llantas, y pues más o menos le había tantiado el agua a los camotes y sabía que ya er‘ora de que saliera del cine y como el ojete iba con su morrita, pues lo más seguro que tardaría otro rato más, íralo güey, cómo que cómo supe, esos cabrones primero tragan y luego cogen porque si no se acalambran como el perico, a medio palo, ¿agarras la onda güey?, así que me acomodé a un ladito de la camioneta y en un descuido me le metí debajo, a un ladito del mofle encontré un tornillo bien salido, pinches gringos piensan en todo menos en los soportes que se le pueden clavar en el culo al pendejo que lleve la camioneta si se parte la madre en un choque, pero esa fue mi ventaja, amarré la bolsita y allí estuve esperando, como un pinche fakír con el espinazo sobre los vidrios y las piedritas que calaban acá bien gacho pero ni modo, ya estaba allí y a la verga con todo, cuando lo vi que venía el ojete ni siquiera me miró pero yo sí le vi la tanguita a la morrita cuando se subió a la camioneta porque el ojete ni siquiera le abrió la puerta y luego ya supe que no era su morrita sino su morra, la buena, la de acá y pos quién sabe, a lo mejor ya’sta tenían un par de críos esperando en la casa porque a la morrita siempre se le abre la puerta primero y las patitas después y a esta ni madres, pero bueno, cuando arrancó muy apenas me dio tiempo de salirme y por poquito que me pasa por encima pero ya le había dado un pellizquito a la bolsa, ¿sí güey, también quieres un pellizquito?, pellizquito el que te voy a dar en las nailon cuando me las prestes un rato, y bueno, era tempranito todavía así que busqué otra vez al Boby y le pedí prestada la bicla y me cái que no esperaba que me dijera que me había güachado debajo de la troca, y que si quería la bicla entonces tenía que partir michas con él y le dije que ni madres, aquel bisne era nomás mío y no iba a compartir mi riata con otros changos y en eso me lanzó un trompón de aquellos pero como ya le conozco las mañas me lo saqué de encima y del chingadazo que le metí en los güevos hasta cambió de color, y me dijo que la próxima que me viera me iba a echar a la Maña y pensé que no iba a haber próxima, aquella era mi jugada y de nadie más y que si todo salía bien hasta me iba a quedar con el camionetón y una feria para llevar a la Nancy a comer a la Macro, así que lo dejé dormidito a un lado de la parada de camiones ¿edá que se antojó, güey?, y me fui dándole al pedal, total ya no tenía prisas de nada y al principio las gotitas eran grandes y se miraban hasta bonitas en medio de la calle y no la hagas de emoción que ya sé que te gusta ver gototas cuado llueve, cabrón, así que bueno como ya te la’stoy dejando ir nomás aguanta la risa que ya merito sale el payaso, le dí duro al pedal y ya después de cuarenta pinches cuadras estaba más café encontrar el rastro pero como sea, no dejaba de pintar la calle con su color amarillo y así fue hasta que llegamos al residencial y úta, con pinche guardia y torniquetes y barras de seguridad y la verga y’asta un tecladito donde ponían una clave y se levantaban las barras pintadas de amarillo y negro y casi me regreso, pero en eso me di cuenta que eran casi las doce y pensé, ni madres, ahorita sigue el cambio de turno y en una de esas, estos puñetas ni siquiera han de checar quién entra y sale a pie por los torniquetes, así que me esperé hasta llegó el vela de la noche y dicho y hecho, se puso a comadriar con el otro jalín y me pasé a gatas por debajo del torniquete y tararán, no me vieron ni el polvo los puñetas y luego ya fui revisando los portones hasta que llegué al que buscaba y allí estaba, mi futura nueva camioneta, estacionadita y con una goterita de pintura que ya andaba en las últimas, así que me fui agazapando y buscando por dónde subir y ya sabes, esos güeyes con sus púas metálicas sobre las bardas, lo bueno que traía los tenis cónvers así que con cuidado me fui subiendo por un castillo de la barda que había quedado enjarrado a medias y al llegar hast’arriba me brinqué con cuidado y caí del otro lado y créeme que casi me cago del susto pero quién sabe, nadie salió ni prendió la luz aunque había hecho más ruido que tu jefa cuando me la llevo al cuartito, pérate pendejo que ese güey tenía la puerta del patio abiertita, así de par en par, y en un rinconcito había ropa recién lavada y en eso, la pinche chicharra de la lavadora que empieza a chillar y chillar y pensé óra sí ya valí tres kilos y medio de verga, pero acomódate bien, pendejo, no se te vaya a ir de lado, así que me quedé quietecito y de buenas que no salió nadie y pensé que el ojete estaba cogiendo con su morra valiéndole también tres kilos y medio de verga lo que pasara allá afuera y así fue, entré con cuidado y lo primero que voy viendo son las llaves de la camioneta, en medio de la mesa junto con la cartera y un par de celulares bien acá, de esos que te venden a cuarenta meses y me dije ya chingué y bueno, pos a eso iba, así que ahora lo que necesitaba era salir sin hacer tanto ruido así que primero pensé en caerle a los patines al ojete antes de que se bajara del guayabo, pero me llegó un olorcito bien acaracacá, como que l’estaban quemando las patitas al diablo y luego pensé, ni madres, ni falta va‘acer, nomás aguanto vara y a este pendejo le voy a bajar hasta’la vieja y cuando empezaron a reírse bien acá ya sabes cómo, entonces nomás abrí el portón y me subí en la camioneta y hubieras visto lo bonito que se oía el motor, una chulada de camioneta, pero bueno ya m’estoy adelantando, lo más importante era que me había llevado los celulares y la cartera y voy viendo que aquel gachupín ojete se llamaba Denis Ignacio Ceferino Guadarrama del Valle y pensé que sí, a güevo, un nombrecito igual de jodido como ese nomás podía llevarlo un gachupín de a deveras, un hijo de la Madre Patria y la puta que lo parió, así que antes de irme con la camioneta y la cartera y los celulares busqué en todas las bolsitas y a güigüi, te dije que aquella era mi noche, en una bolsita traía un pase de la finolis, pura nieve de limón de la buena y en otra bolsita un pedazo de papel con las claves de los celulares y pos así pos sí, le hice un cáliz al teclado del portón y abrió a la primera, y luego prendí la camioneta y ya en la entrada del frasionamiento hice otro cáliz y tararántambor, abrió la barra sin hacerla de jamón, ya eran las cuatro de la mañana y el vela estaba más dormido que tu camarón después de jalártela, ¡en serio, güey!, así que le dí pa’ con la jefita y como siempre, andaba ya en chinga, levantada y preparando el lonche pa’ la Mireya y el Jacinto que entran a la secu a las siete, y me dijo que me pasaba de cabrón que no había ni lechuga ni tortillas y que había sacado de fiado con don Pedro y le dije que me aguantara, que traía un bisnecito que nos iba a alivianar bien acá y me fui al cuarto y le puse pasador a la puerta y’ora sí, con calma vacié toda la cartera y que voy viendo que la morra del españolete no era su morra la mera mera, era su morrita y aquella no era su casa, era la casa de su morrita y pensé, cabrón, andas con más suerte que el pinche Patotas y luego chequié los celulares y voy viendo que los dos eran del españolete y cuando vi que tenían el programita del banco preguntando nomás por la clave les hice otro cáliz y tómala barbón, que voy entrando en sus cuentas y casi me vuelvo a cagar pero ahora de la emoción, te digo que aquella era mi noche, en uno nomás tenía pa’las cocas, ya sabes, como que era para los gastos de su morra, pero el segundo era de una cuenta de su jale y’ora sí, ahora iba la mía pinche ojete y bueno, pensé que a dónde podía pasar aquella lana que daba como para comprar otra camioneta del año al cáshcásh y una casita para mi tribu y bueno, lo más seguro y fácil era pasárselo a la güela a su tarjeta de la pensión y le dije a la jefita que si la güela ya se había levantado y me dijo que no me hiciera pendejo, que ella estaba en el hospital desde hacía tres días por una intoxicada que se dio con una chuleta de cerdo que estaba pasada y bueno, le pregunté si sabía dónde estaba su tarjeta de la pensión y me dio un zopapo que me dejó bailando el cachete así bien cabrón, pero le dije a la jefita que aguantara, que traía un bisne bien acá y que en una de esas hasta nos íbamos de la pinche colonia y me dijo que le valía madres, que de todos modos nomás quedaban quince pesos en la tarjeta así que me la dio y que voy haciendo la transferencia y ¡mócos, carnal!, pasó toda la lana de un chingadazo y ya con más calma, me puse a revisar los celulares, segurito que aquel puñetas traía fotitos mugrosotas y no mames güey, traía un madral de videos con su morrita y con su morra, pero con cada una hacía cosas distintas y pensé que aquel pendejo no era el único que tenía algo que perder porque la morrita era la hija del dueño de la gasera, y pues allí si alguien iba de hocicón nos iba a cargar la de árabe a todos y pues me quedé más tranquilo después de meterme el pase y ya sabía que el puñetas iba a llamar y así, como pinche inglés llamó a las seis de la mañana en punto, ¡que me habéis robado, hijo de la gran puta! y yo que le digo que ni madres, que ellos habían dejado abierta la puerta del patio y yo nomás entré a ver qué había y lo que había era un chingo de lana y que me quería quedar con ella y también con la camioneta y me dijo que no, que no se podía y luego le dije que ya sabía lo que había en los teléfonos y que a güevo, que me dejaría la camioneta y lo que había en la cuenta de banco si no quería que lo hiciera famoso a él y a la morrita en exvídeos y él me dijo que estaba bien, que lo único que quería era que le regresara los teléfonos y le dije que simón, que el trato estaba hecho, pero no me creas tan pendejo, le dije que yo también tenía una condición y era que yo le decía en dónde y cuándo pasar por los aparatos y luego los apagué como en las películas y les quité las tarjetitas y me dije cálmala güey, no te vayas a engolosinar, lo que hay es lo que necesitas, así que guardé todo en la bolsa y eso es lo que te traigo aquí, ¡a güevo!, ¿a poco la bolsa no se ve chacalona así pintada de color amarillo?, ni quién se vaya a imaginar que tráis cincuenta milagros en esa pinche bolsa pero negocios son negocios, ese puñetas del Boby me la debe y el españolete puñetas va a querer sacarle al que se ponga enfrente quién soy y en dónde vivo, así que quiero que me hagas un paro bien acá, carnal, pero aguanta, nomás te digo que donde me busquen ya no me van a encontrar y a la Nancy tampoco y si aguantas vara te paso veinte milas y la dirección del jefe de la morrita, te digo que si este güey andaba en camioneta del año, el mero jefe debe cagar en taza de oro, ¿cómo la ves, vas o no vas, carnal?, te dije que aquella noche era mi noche, pinche Bromas, ni siquiera supo cómo su peli fue a cambiarme la vida y la neta, ahorita me vale madres que la semana pasada la Nancy me haya dado un metro y medio de chorizo, esa noche al españolito me lo enchoricé todito y se la dejé ir doblada y ahora entre los dos le vamos a partir la madre al Boby nomás por pasado de lanza, ya parece que le iba a prestar a la Nancy, ni que fuera una talonera, lo único que tienes que hacer es fijarte cuando cambie la luz del semáforo y clavarle la bolsa en la mochila al güey, ya les dije en dónde encontrarlo y van a pasar a las cinco de la tarde, la mera hora del pinche solazo, íralo güey, se ve que ya estás entendiendo, a ese puñetas también se lo va a cargar la de miar y de paso tú te quedas sin competencia en el crucero, ¿y por qué te ríes, puñetas, a poco también a ti te la debía el pinche Boby?



Francisco Arriaga
México, Frontera Norte.
10-11 de octubre de 2019.


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Slendy.


Qué rara la rara
figura
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de Slendy.

Sus brazos muy largos
parecen
las garras de un cuervo
negro y muy viejo.

Sus pasos resuenan
cual eco
de tus pies enmedio
de la noche.

No mires, no hables,
no escuches
ni grites ni huyas.

Le encanta beber
el sudor
frío del miedo.

Qué largos los largos
pasos
de huesos sin carne.

Viene por ti
en la noche.
Va a encontrarte.


Francisco Arriaga.
México, Frontera Norte.
21-ene-2019.


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Poema. La belleza.

la belleza




como una ascua
engarzada en la punta
de una lanza
que va poco a poco
acercándose al ojo

como un áspid
inmóvil y majestuoso
sobre la mortaja
del infante
dormido en el frío eterno

como un par de ojos
que jamás ceden
y te miran
sin cuidarse del tiempo de tiempos
ignorando también la pudicia
marcada por la buena educación
o las buenas costumbres

el rostro apenas
dibujado sobre la piel
y los labios prestos al beso
y al anatema

esa es la magnánima
fuerza del gesto
que insinúa
y concede, al par

esa es la cifra
de toda belleza


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